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Podemos hacer un símil bastante interesante que seguramente le gustaría a mi padre, gran pescador donde los haya y del cual después de muchos años de pensar que no había heredado ni sus dotes, ni su afición de pesca, me he dado cuenta de que sí. Efectivamente, lo que más me gusta de mi trabajo es pescar, pescar clientes, para mi empresa y para otros. Ver como creamos los cebos (páginas) y cuantos anzuelos echamos ( dependiendo de la arquitectura de información y las segmentaciones realizadas). Siendo el señuelo que realmente buscan los pescados y que cuando lo miran resulta que es exactamente lo que estaban buscando en ese momento justo es apasionante. Lo mejor de todo esto es que el resultado final no es la muerte de un pez, sino el nacimiento de un negocio , porque de esta captación creamos entornos de conversación directa entre cliente y empresa y es en ese momento en el que se produce la mágica de sensación: ESTO ES UNA PASADA.
De pronto tu cerebro empieza a arder pensando en lo fácil que ha resultado el conseguir que una persona que estaba en tu página se convirtiera en un cliente directo y en cómo se debería potenciar. También es normal que te entre el síndrome de Gollum en el que piensas que no se lo tienes que contar a nadie, es tu secreto es tu tesoro. Pero luego resulta que no lo puedes soportar y cuando estás con tus amigos dices. ¿ A que no sabéis cómo hago clientes ahora? La realidad es que tanto para encontrar una empresa de detección de fugas de agua , un podólogo que opera juanetes, como una clínica dental especializada en implantes dentales . Todos ellos son gente que realiza operaciones diarias y constantes de captación de clientes. En el próximo post hablaré de que características esenciales tiene que tener un captador.