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En la mente de un empresario en algún momento surge siempre una cuestión: ¿Quiero que mi empresa perdure? ¿quiero subir su valor para venderla? ¿quiero ganar mucho y no me importa después liquidarla?

Cuando me surge la duda me acuerdo de una de esas cosas que nos enseñan cuando estamos estudiando para ser ingenieros y que ahora, quince años después, me resulta muy útil para tener clara mi respuesta.

Se trata de la teoría de juegos, según la cual existen los juegos finitos y los juegos infinitos.

Los juegos finitos son aquellos como el ajedrez, el fútbol o el tenis, que tienen unas reglas preestablecidas, se sabe quienes son los jugadores y en los que existe un tiempo limitado. En estos juegos al final del tiempo hay un ganador y un perdedor. Los juegos finitos, llevados a la vida son situaciones como aprobar la prueba de acceso a la Universidad o graduarse. Son situaciones regladas que tienen un final y al llegar a ese final se ha ganado o se ha perdido.

Frente  a estos juegos finitos hay otros juegos infinitos. En ellos el número y la composición de los jugadores puede cambiar, las reglas también son cambiantes, no existe un tiempo definido para el juego y su principal objetivo no es ganar o perder, si no seguir jugando. Por ejemplo, cuando juegas con tus hijos a la pelota, a correr, a saltar… ¿qué es lo importante? ¿ganar o que el juego continúe y disfrutar de él? Seguro que se te ocurren otras muchas situaciones. Ya habrás percibido que  en la vida abundan los juegos infinitos y que la felicidad, la amistad, los negocios, el trabajo, la vida en general, depende de nosotros mismos, de que los juguemos como juegos infinitos.

Sin embargo en ocasiones nos empeñamos en jugar la felicidad, la amistad, los negocios, el trabajo o la vida en general como si fueran juegos finitos, lo que sin duda es un error. Si el juego es infinito, lo importante es seguir jugando y disfrutarlo.

Esto nos lleva a la respuesta a la pregunta que planteábamos al principio y la respuesta, para mi, está clara: creemos empresas que perduren y que otros puedan disfrutarlas y gestionémoslas como un juego infinito.

Aplicado a la gestión empresarial, en estos momentos dónde la incertidumbre es la sensación dominante y cuando la realidad nos ha dado un aviso bastante importante, mi planteamiento es que debería servirnos para ser todos más conscientes de que debemos asegurar sobre todas las cosas la continuidad del juego, tratar de entender las reglas cambiantes y preparar nuestras empresas, nuestros trabajos, nuestras amistades… para adaptarlas al modelo de juego cambiante y adaptativo.

De hecho, transformaciones como la digitalización de nuestras empresas no son más que la respuesta a otro de los cambios de reglas constantes del juego. Debemos ser conscientes de las nuevas reglas y lo que significan para el objetivo final del juego: seguir jugando.

Al final, ganar más o ser mejores no es un objetivo finalista con un plazo definido. Estamos aquí para seguir jugando y el juego debería seguir incluso cuando nosotros ya dejemos de jugar.

Andrés de España – CEO