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Cuando se habla de «concentración de empresas» nos vienen a la mente las grandes operaciones en las que las grandes tecnológicas desembolsan millones para hacerse con los nuevos «unicornios», las nuevas empresas que destacan por un gran éxito en su innovación. Sin embargo cada día se producen operaciones corporativas en las que empresas no tan glamurosas, pero que forman parte de nuestro universo de marcas habituales o de su cadena de valor, son compradas por otras, ya sea para hacerse con su mercado y sus clientes o con su know how. Entre las empresas de la economía digital este fenómeno ha tomado fuerza a partir del momento en el que hemos visto la luz del final del túnel de la pandemia.

El objetivo más común que persiguen las empresas compradoras en estas transacciones es la optimización: ante una situación saturación de empresas en un sector se produce el efecto de que la competencia obliga a la disminución de los márgenes o beneficios de las empresas que compiten en ese mercado. En otras palabras, la competencia concentrada en un sector o un producto aumenta la oferta, mientras la demanda es la misma, por lo que la consecuencia es la bajada de la rentabilidad de las compañías.

Mediante la concentración de compañías, lo que buscan las empresas compradoras, normalmente las que mejor manejan el mercado financiero para conseguir apoyos y poder comprar, es precisamente mejorar su posición en el sector en el que actúan.

La concentración permite compartir estructuras, gastos e inversiones, incluso manteniendo las dos marcas (la de la empresa que compra y al empresa que vende). El resultado es que de una operación de este tipo puede salir una empresa que, tan solo restando costes estructurales, sea más rentable y más eficiente. Si además la empresa es complementaria, el beneficio es una mejora de la oferta y una ampliación de la base de clientes. Como ejemplos, en el sector de marcas de moda, la marca de ropa infantil Mayoral acaba de adquirir la marca de moda masculina Boston, lo que le permite aumentar su target comercial. Si hablamos de empresas digitales, JD Sports que opera las tiendas de ropa deportiva JD, Sprinter y Sport Zone, ha adquirido Deporvillage para tener mayor presencia en las ventas online. Por su parte Indra, una compañía de tecnología y transformación digital ha adquirido Flat101 para reforzar los servicios a sus clientes en el ámbito del comercio electrónico y marketing digital.

En cuanto a la motivación para las empresas vendedoras, la venta suele darse en momentos en los que la gestión de la empresa no ha dado los resultados esperados y ha bajado su competitividad. Aun así, detrás de cada empresa hay un emprendedor o una familia muchos intereses adquiridos pasados presentes o futuros y proyectos inacabados y contra la decisión de vender suele pesar la carga emocional de deshacerse de un proyecto personal o familiar. Sin embargo muchas veces ha sido precisamente el tomar decisiones basadas en la tradición o en aspectos emocionales lo que ha impedido o paralizado los procesos internos de cambio y mejora haciendo sus negocios más ineficaces.

De hecho, el impulso definitivo a muchas de las acciones de concentración viene de fondos externos, ajenos al sector de las compañías involucradas, que facilitan y agilizan los procesos de unificación de estructuras atendiendo únicamente a criterios objetivos de negocio, obviando cualquier valoración de la historia personal o familiar de las compañías. Estos fondos aportan financiación a la empresa compradora, siempre que sus análisis muestren que la compra va a resultar en una mejora de los beneficios. Con su acción, estos fondos están facilitando la mejora de la competitividad de las empresas supervivientes y la modernización de los sistemas productivos.

Cabría preguntarse por qué se producen concentraciones en un momento como este en el que la economía y las empresas están en recuperación La explicación está en que la curva del crecimiento todavía no ha tomado demasiado impulso, lo que hace que los precios de las compras todavía sean asequibles, y, además, venimos de un periodo donde las estructuras de las compañías se han reducido, de forma que reunificar dos plantillas es más sencillo. Pueden incidir otros motivos más emocionales, como que después de una crisis las empresas vuelven a acordarse de que pueden necesitar ayuda, cooperación, colaboración y expandir sus áreas de actuación para diversificar y aumentar su base de clientes. Además cualquier buen emprendedor sabe que el futuro va de acumular fuerzas, ideas y buenas prácticas como única manera de mantenerse en la vanguardia.

Lo primero que debe preguntarse un empresario en momentos como este es si su sector está saturado y si en su empresa han tomado las decisiones necesarias para mantenerse entre las más vanguardistas. Si es así puede pensar en si le resultaría interesante incorporar a alguna otra empresa del sector para complementar o mejorar la eficiencia. Si no ha sido lo suficientemente ágil, ni flexible ni innovador, es posible que reciba alguna oferta de compra.

Andrés de España – CEO