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Después de superar los primeros días de aislamiento preocupados por la salud de cada uno y el miedo a cómo va a afectar esta situación a la economía de las personas y las empresas, es el momento de empezar a pensar en cómo hacer que la vida y la actividad económica no se pare del todo.

La mentalidad de las empresas tiene que ser, y está siendo en muchos casos, ser el último en saltar del barco y tratar de salvar todo lo posible del naufragio. Un puñado de empresas, con el esfuerzo de sus empleados y sus empresarios está empeñado en ir más allá y subir a los botes salvavidas, camino de la isla más cercana, a todos aquellos que se encuentran en su camino.

Estas empresas no están pensando en el desastre, si no en las nuevas necesidades que provoca esta situación insólita. No se trata de aprovecharse de las oportunidades, si no del deber de apuntalar y, si es posible, reconstruir nuestra estructura económica aunque estemos confinados. Por el bien de las empresa y por el bien de los trabajadores.

Hay empresas que han ofrecido sus instalaciones para hacer frente a las primeras necesidades del coronavirus. Como ejemplo restaurantes que reparten comida en centros hospitalarios, industrias textiles y de calzado que se han puesto a fabricar mascarillas para el personal sanitario, fábricas de bebidas alcohólicas que se dedican ahora a producir alcohol sanitario.

Están también los trabajadores y  empresas que mantienen su actividad para cubrir los servicios básicos, entre los que se cuenta, por supuesto, todo el personal sanitario, de limpiezas, repartidores, policías, transportistas y toda la cadena de producción y distribución de alimentos a los que estamos tan agradecidos.

Pero es deber moral de todas aquellas compañías a las que les quede un resto de músculo mantener la actividad económica que no está centrada apenas en las necesidades sanitarias y de supervivencia. Las personas, incluso en sus casa, siguen teniendo necesidades y en la medida en que las empresas se mantengan activas para cubrirlas, necesitarán de otras empresas, y esas de otras, con lo que el milagro del libre mercado conseguirá mantener en pie las estructuras con las que habrá que reconstruir nuestro sistema productivo.

Soy consciente de que el momento invita al pesimismo, pero las personas siguen alimentándose, vistiéndose y cuidando su higiene en casa, están demandado material para hacer ejercicio en sus hogares. Las familias piden nuevos juegos y juguetes para entretener a los niños, la jardinería de interiores es una forma de ocio, la demanda de dispositivos electrónicos se ha disparado, las mascotas siguen comiendo y necesitando higiene…

Es cierto que a muchas empresas se enfrentan a esta situación sin estar preparadas para gestionar online sus relaciones comerciales con los consumidores, pero sobre todo con clientes profesionales y proveedores. Pero, igual que  nos hemos adaptado al teletrabajo de golpe y sin periodos de transición, las empresas pueden adentrarse en la gestión online de sus relaciones B2B en un periodo de tiempo asumible (nosotros proponemos un plazo de un mes máximo) y para demostrar que es posible y aportar lo más valioso que tenemos, que es nuestro conocimiento de la gestión de negocios online, estamos ofreciendo, junto a otros expertos y organizaciones como la Cámara de Comercio de Alicante o Avecal, una serie de webinars (si, otra forma de relacionarse online con profesionales y empresas), por supuesto gratuitos, en las que intentamos transmitir una metodología con la que disponer de una plataforma y un proceso de trabajo que permita mantener, e incluso reactivar, la actividad comercial B2B de las empresas. Nuestro desafío es que las empresas puedan tener en apenas 4 semanas las herramientas y la formación necesaria para construir (o reconstruir) su actividad comercial gracias a la red y orientadas a los productos que ahora son más necesarios.

Por nuestra parte estamos convencidos de que, aun confinados, se va a reactivar la “vida” en España y con ella el consumo y el comercio online va a ser el protagonista, tanto por los consumidores finales, como por los clientes y proveedores corporativos. No solo por el hecho de que todos se han visto obligados ya a hacer compras online que antes no hacían, pongo el ejemplo de impresoras, tinta, unos cascos, cintas de correr, algo de jardinería o alimentación por internet. También las empresas se van a dar cuenta de que rendirse no es una opción y que más vale  adaptarse y seguir funcionando, aunque haya que hacerlo de otro modo que como hasta ahora, que desaparecer.

Andrés de España – CEO